Profundamente solo dentro de Pakistán y abandonado por Estados Unidos, paÃs al que sirvió con fidelidad perruna, Pervez Musharraf tiró la toalla ayer, incapaz de luchar su última batalla: defenderse ante un Parlamento hostil que le exigió que rindiera cuentas de los miles de civiles y militares muertos durante sus nueve años de dictadura. El hombre que se creÃa el único capaz de salvar al paÃs de las garras de Al Qaeda y el extremismo islámico, y que se autoproclamó padre de Pakistán, cedió el báculo acosado por los mismos polÃticos que trató de aplastar cuando era general al mando del poderoso Ejército paquistanÃ.
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martes, 19 de agosto de 2008
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