Sobre la tumba de Martin Luther King, en la Avenida Auburn de la sureña Atlanta, el piadoso recogimiento de una familia negra honra la memoria del líder antirracista asesinado en 1968. "Sin la lucha del doctor King, nunca hubiéramos podido tener un negro presidente", dice Ida Woodson, llorona desde el martes de gloria y resurrección. Son las nueve de la mañana en la capital negra de EE UU, y la madre de Ida permanece ensimismada frente a la sepultura de mármol de Luther King y de su esposa, Coretta Scott, cuyo tenaz activismo abrió camino al triunfo de Barack Obama. La mujer mueve los labios. O bien reza por el valiente o lee el epitafio esculpido en su tumba: "Al fin libre, al fin libre, gracias a Dios. Por fin soy libre".
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domingo, 9 de noviembre de 2008
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