Arranca una batalla de 100 días sin cuartel en Israel. Una contienda electoral que promete emociones, porque sus líderes políticos son un filón, capaces de lanzarse los epítetos más contundentes y de airear los trapos más sucios. Dos ex primeros ministros -el laborista Ehud Barak y el likudnik Benjamín Netanyahu- y la presidenta de Kadima, Tzipi Livni, están en zafarrancho. La todavía ministra de Exteriores encara una misión compleja: arañar votos a la izquierda cuando en su partido aspiran a primeros espadas derechistas de postín. El Likud, que no olvida la secesión de Kadima que le postró en la indigencia política en 2006, pretende ajustar cuentas. Paradójicamente, a nadie extrañaría que acabaran sentados los tres en el futuro Consejo de Ministros.
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domingo, 2 de noviembre de 2008
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