"A las 12 empezó el ronquido y a la una expiró el Excelentísimo señor Libertador". El 17 de diciembre de 1830, el doctor Próspero Révérend cerró el diario en el que recogía la agonía de Simón Bolívar en una quinta de Santa Marta, en el Caribe colombiano. Hasta allí había llegado 11 días antes el héroe de la independencia americana. Despojado del poder, escoltado por un puñado de fieles, quería refugiarse en Europa. Pero cuando lo desembarcaron en Santa Marta era "una criatura de pavor, apenas con un soplo de vida", en palabras de Joaquín de Mier, su anfitrión. Tosía y escupía sangre. Deliraba. Murió, anotó el médico, de una tuberculosis.
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domingo, 21 de diciembre de 2008
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