Los neoyorquinos Louis Eppolito y Stephen Caracappa perpetraron casi todos los crímenes que se suele atribuir a los mafiosos: blanquearon dinero, traficaron con drogas, extorsionaron y asesinaron. Cometieron todos sus delitos parapetados tras un carné de intocables: ambos fueron detectives del Departamento de Policía de Nueva York entre finales de los años 60 y principios de los 90, lo que les permitió trabajar para una de las familias mafiosas neoyorquinas, el clan de los Lucchese. Ambos navegaron impunemente por el río delictivo que dejaron a su paso en una época en la que la corrupción policial era rampante.
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domingo, 8 de marzo de 2009
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